Mi hijo quiere estudiar un año en Estados Unidos, ¿perderá nivel académico?

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“¿Y cuando vuelva? ¿No habrá perdido nivel académico?”

Es una de las preguntas que más escuchamos entre las familias que se plantean que su hijo estudie un año escolar en Estados Unidos. Y es también una de las razones por las que algunos padres se sienten más cómodos con la idea de hacerlo en 4º de ESO que durante Bachillerato.

La preocupación es comprensible. El sistema educativo estadounidense es muy diferente al español y, visto desde aquí, puede dar la impresión de que los estudiantes tienen menos carga teórica, estudian menos horas o cursan asignaturas que no coinciden exactamente con las que habrían tenido en España.

Pero estudiar en Estados Unidos no significa necesariamente bajar el nivel académico. Significa aprender dentro de un sistema diferente, mucho más flexible, en el que el estudiante puede encontrar distintos grados de exigencia y que, además de los conocimientos académicos, concede mucha importancia a otras habilidades.

Y hay algo que en ASSE hemos observado durante décadas trabajando con estudiantes de intercambio: muchos regresan a España con más autonomía, motivación, autoestima y capacidad de adaptación. Un cambio que puede influir muy positivamente en la forma en la que afrontan sus estudios a la vuelta.

¿Es más bajo el nivel académico en Estados Unidos?

La pregunta tiene difícil respuesta porque parte de una comparación entre dos sistemas educativos organizados de manera muy distinta.

No existe un único “nivel académico americano”. Hay miles de High Schools, diferencias entre estados y distritos y, sobre todo, diferentes niveles de dificultad dentro de un mismo centro e incluso según la asignatura.

Esta es una de las principales diferencias respecto al modelo al que estamos acostumbrados en España. El sistema estadounidense permite construir un itinerario académico más adaptado al estudiante, sus capacidades, intereses y objetivos.

Un alumno internacional puede cursar determinadas materias en un nivel estándar y asumir un nivel más exigente en otras si está preparado para ello y el High School las ofrece.

Por eso, más que preguntarnos si el nivel estadounidense es mayor o menor que el español, resulta mucho más útil preguntarnos: ¿qué nivel y qué asignaturas son adecuados para este estudiante durante su año en Estados Unidos?

En nuestro artículo sobre las diferencias entre el sistema educativo americano y el español explicamos con más detalle dos formas bastante distintas de entender la educación.

Honors y Advanced Placement: también hay asignaturas de alta exigencia

Una de las ideas que conviene desterrar es que un estudiante con buen expediente académico no encontrará suficiente nivel en un High School americano.

En muchos centros existen asignaturas Honors, que ofrecen una mayor exigencia que las clases ordinarias, y también cursos AP (Advanced Placement).

Los AP son especialmente exigentes: se trata de cursos de nivel universitario que los alumnos pueden realizar mientras todavía están en High School. College Board, la organización responsable del programa AP, ofrece actualmente materias en ámbitos como Matemáticas, Ciencias, Historia, Informática, Literatura, Economía o idiomas, entre otros.

Por tanto, si un estudiante necesita un mayor reto académico, el sistema estadounidense dispone de opciones para encontrarlo.

Eso no significa que un estudiante internacional deba matricularse en todas las asignaturas avanzadas posibles. Su nivel de inglés, su curso, su expediente, la oferta del High School y los requisitos particulares de cada centro determinarán qué opciones son adecuadas. De hecho, no todos los High Schools ofrecen los mismos AP y algunos establecen requisitos previos para acceder a ellos.

El objetivo no debería ser demostrar que puede asumir la máxima dificultad, sino encontrar un equilibrio que le permita mantener un buen nivel académico y, al mismo tiempo, aprovechar todo lo que ofrece la experiencia.

¿Por qué algunos estudiantes eligen inicialmente asignaturas menos exigentes?

Hay otro factor que no podemos olvidar: un estudiante español llega a Estados Unidos para estudiar en inglés.

Aunque tenga un buen nivel del idioma, durante las primeras semanas tendrá que acostumbrarse a seguir explicaciones, estudiar, realizar trabajos, participar en clase y examinarse en una lengua que no es la suya.

Por eso puede ser aconsejable no cargar inicialmente el horario con las materias de mayor dificultad.

Elegir un nivel adecuado no significa renunciar a aprender. En algunos casos, incluso es posible complementar el trabajo de clase, solicitar ejercicios adicionales o valorar posteriormente materias más avanzadas si el estudiante se encuentra preparado.

En ASSE hemos conocido también estudiantes que han probado asignaturas de alta exigencia y después han comprobado que no eran la opción más adecuada para ellos. Eso también forma parte de un sistema flexible: encontrar el nivel en el que el alumno pueda aprender, progresar y aprovechar su año.

Un sistema menos centrado en memorizar y más orientado a participar

Otra de las razones por las que puede resultar engañoso comparar ambos sistemas únicamente por el volumen de contenidos es que no enseñan exactamente de la misma manera.

El modelo español ha tenido tradicionalmente un peso importante de los contenidos teóricos, el estudio y los exámenes. En Estados Unidos es frecuente encontrar una metodología con mayor presencia de trabajos, proyectos, presentaciones, participación en clase y actividades prácticas.

Esto no significa que uno sea mejor que el otro. Significa que desarrollan capacidades de maneras diferentes.

Un estudiante puede encontrarse, por ejemplo, teniendo que realizar una presentación delante de sus compañeros, participar en un debate, trabajar en equipo o desarrollar un proyecto durante varias semanas.

Y esas competencias —comunicación, iniciativa, pensamiento crítico, trabajo en equipo o capacidad para desenvolverse ante otras personas— también forman parte de su formación.

Explicamos estas características con más detalle en nuestra guía sobre cómo funciona el sistema educativo americano.

Entonces, ¿qué ocurre cuando el estudiante regresa a España?

Esta es probablemente la verdadera preocupación que hay detrás de la pregunta sobre el nivel. Y conviene separar dos cuestiones.

Una cosa es que el estudiante pueda necesitar un periodo de adaptación al regresar. Después de varios meses estudiando con otra metodología, otras asignaturas y en otro idioma, es perfectamente posible que durante las primeras semanas tenga que recuperar el ritmo de trabajo español o ponerse al día en algún contenido concreto.

Otra muy diferente es afirmar que ha “perdido un año”. Durante esos meses ha seguido estudiando, realizando trabajos, superando asignaturas y desarrollando capacidades académicas y personales. Y lo ha hecho, además, en otro idioma y dentro de un sistema educativo desconocido.

La experiencia de ASSE con sus estudiantes muestra que la reincorporación suele producirse con normalidad y que, en bastantes casos, los jóvenes regresan con una actitud diferente ante sus estudios. No ocurre exactamente igual con todos los alumnos, pero la mayor confianza, autonomía y motivación adquiridas durante el intercambio pueden convertirse en importantes aliadas cuando vuelven a las aulas españolas.

programa de intercambio J-1 en Estados Unidos
programa de intercambio J-1 en Estados Unidos

La motivación también influye en el rendimiento académico

Este es un aspecto del que se habla mucho menos y que, sin embargo, puede ser uno de los grandes aprendizajes de un año escolar en el extranjero.

Un adolescente que llega solo a otro país tiene que aprender a desenvolverse en un idioma diferente, integrarse en una familia anfitriona, hacer nuevos amigos, entender cómo funciona su High School, organizarse y resolver situaciones que hasta entonces probablemente gestionaban otras personas por él.

Cada pequeño logro cuenta. Entender una clase que al principio parecía complicada. Atreverse a participar. Hacer una presentación en inglés. Entrar en un equipo deportivo. Aprobar un examen. Hacer amigos. Resolver por sí mismo una dificultad.

Todo ello puede ir construyendo una percepción diferente de sus propias capacidades.

Nosotros hemos visto estudiantes que no destacaban especialmente por sus notas antes de marcharse y que, después de su experiencia en Estados Unidos, regresaron mucho más motivados y obtuvieron excelentes resultados al reincorporarse a sus estudios en España. No es una consecuencia automática ni puede garantizarse, pero sí es algo que hemos observado en numerosos estudiantes a lo largo de los años.

A veces, el cambio de sistema permite que un adolescente descubra capacidades que hasta entonces habían pasado más desapercibidas.

No todo lo que se aprende durante un año escolar aparece en un examen

Hay aprendizajes difíciles de medir con una nota. La autonomía, la capacidad de adaptación, la seguridad para hablar delante de otras personas, la convivencia con una cultura diferente, la resolución de problemas o la confianza para desenvolverse en inglés no aparecen necesariamente en el boletín de calificaciones.

Sin embargo, sí forman parte del bagaje con el que el estudiante regresa a España. Por eso creemos que un año escolar en Estados Unidos debe valorarse en conjunto. Naturalmente, hay que cuidar la parte académica y seleccionar correctamente las asignaturas, especialmente cuando el curso debe convalidarse posteriormente en España.

Pero reducir toda la experiencia a comparar temarios significaría dejar fuera una parte enorme de lo que el estudiante está aprendiendo.

¿Y qué ocurre con el Bachillerato y la convalidación?

Este punto merece especial atención porque es precisamente durante Bachillerato cuando muchas familias sienten mayor preocupación.

Los estudios realizados en Estados Unidos pueden convalidarse en España siempre que se cumplan los requisitos establecidos para cada curso. Por eso, la elección de asignaturas es especialmente importante y debe hacerse teniendo en cuenta desde el principio las exigencias de convalidación.

En el caso de un estudiante procedente del sistema educativo español que cursa Grade 11 y quiere convalidarlo por 1.º de Bachillerato, debe cursar y aprobar en cada semestre un mínimo de cuatro asignaturas de entre las siguientes: Literatura, Historia, Geografía, Latín, Griego, Filosofía, Ciencias Naturales, Matemáticas, Física y Química. ASSE asesora a sus estudiantes para realizar correctamente esta selección.

Puedes consultar nuestra guía específica sobre cómo convalidar 1.º de Bachillerato después de estudiar Grade 11 en Estados Unidos.

Por tanto, Bachillerato no tiene por qué quedar descartado por miedo a perder nivel. Lo importante es planificar bien el curso, elegir adecuadamente las asignaturas y contar con asesoramiento durante el proceso.

¿Es mejor hacer el intercambio en 4º de ESO o en Bachillerato?

No existe una respuesta idéntica para todos los estudiantes.

4º de la ESO es una opción muy habitual y puede dar tranquilidad a algunas familias por encontrarse antes de Bachillerato. Si estás valorando ese curso, en nuestra guía para estudiar 4º de ESO en Estados Unidos explicamos sus particularidades.

Pero el miedo al nivel académico no debería ser por sí solo el motivo para descartar 1º de Bachillerato.

La decisión debe tener en cuenta el expediente del estudiante, su nivel de inglés, su madurez, sus objetivos académicos y personales y el tipo de programa que mejor se adapte a él.

En otras palabras: no se trata simplemente de decidir cuándo “molesta menos” marcharse, sino de encontrar el momento en el que el estudiante esté mejor preparado para aprovechar la experiencia.

Un año diferente no es un año perdido

Estudiar un año en Estados Unidos supone cambiar temporalmente de sistema educativo, de metodología, de idioma y hasta de forma de entender la vida escolar.

Habrá aprendizajes que coincidan con los que el estudiante habría adquirido en España y otros completamente diferentes.

Puede que al regresar necesite ponerse al día en determinados contenidos. Pero también puede volver hablando inglés con mucha más soltura, con mayor autonomía, más autoestima, más confianza en sí mismo y una perspectiva diferente sobre sus propias capacidades.

Por eso, ante la pregunta “¿mi hijo perderá nivel académico?”, nuestra respuesta no puede limitarse a comparar el número de temas estudiados en un libro.

La pregunta más interesante quizá sea otra: ¿Qué puede aprender mi hijo durante un año en Estados Unidos que difícilmente aprendería quedándose aquí?

Porque un año escolar en el extranjero no tiene por qué ser un paréntesis en su educación. Bien planificado y aprovechado, puede convertirse en una parte extraordinariamente valiosa de ella.

Si estás valorando que tu hijo estudie un año escolar en Estados Unidos y tienes dudas sobre el nivel académico, la elección de asignaturas o la convalidación posterior, contacta con ASSE. Podemos estudiar su caso y ayudarte a elegir el programa y el curso más adecuados.

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